Cuento elaborado para la materia Introducción al derecho:
La niña que se volvió más fuerte
(4to A, F.Z., J.R.,M.G.)
Aquella niña lloraba en un rincón del colegio, porque se
burlaban de ella por ser gordita, yo que casualmente pasaba por allí me detuve
y le dije: -sé lo que se siente estar solo, sé lo que se siente cuando tus compañeros
se burlan o desprecian porque eres diferente, y es difícil pero yo estoy
contigo, yo te respeto, valoro y respeto tanto a ti como tus ideales. Ya basta
de dejar que te humillen y lo que es peor dejar que esto te afecte-.
Y así nos hicimos amigas Marta y yo, porque si se llama;
aunque todos le decían: “marta la vaquita”.
Empezamos a jugar, a pasar tiempos juntas y aunque ella
estaba en un grado menos igual nos llevamos bien, yo iba a su casa ella a la mía
y nuestras madres se conocieron y pasaban tiempo juntas.
Un día estábamos en el recreo hablando y comenzaron a
cantarle: “Marta la vaquita, Marta la vaquita”. Ella se quedo inmóvil ante la humillación,
con sus ojos llenos de lágrimas. Entonces me levante y le dije: -Ay Marta vamos
no les hagas caso vámonos “mi vaquita linda”- ella me miró y ambas nos reímos,
por la forma en la que se lo dije y nos fuimos, aquellos niños se quedaron riéndose,
pero a la vez desconcertados.
Era la primera vez que no rompía en llanto.
Desde aquel día y sin ánimos de ofenderla le decía: -“mi vaquita”-
para ver si de esa forma ellos veían que a ella no le afectaba y que mas que
burla podía tomarse como cariño.
Marta cada día se volvía más segura de sí misma y entre
tantas cosas un día me preguntó - ¿Sol por qué dices que sabes lo que siente ser humillada?-.
Entonces le conté mi historia de cómo por tener problemas
visuales y usar lentes los compañeritos me decían: -“Sol la cuatro ojos”-. Y de
cómo poco a poco acepte que esa era mi realidad y aprendí que no todos somos
iguales, que cada persona o individuo posee cualidades, características,
personalidades y maneras de pensar diferentes pero aun así debemos respetarnos
los unos a los otros.
En el colegio ya empezaba a darse cuenta que a Marta ya no
le afectaban las burlas y aunque seguían, ya ella había superado eso, algunos
de ellos nos hablaban ya y jugábamos todos, pero ya saben siempre hay un grupo
que no desiste.
Llegó el fin del año escolar y Marta ya tenía amigos y
amigas, era una niña feliz y segura.
¡Sol! ¡Sol! Era Marta que tocaba mi puerta triste y un poco
enojada. -Mi mamá me dijo que nos vamos de la ciudad, ¿Pero cómo? ¿Por qué? ¿Qué
pasó?- le pregunté. Y ella contesto: - es que ha conseguido un nuevo trabajo,
pero tenemos que irnos a otra ciudad.
Entonces llorando nos abrazamos por largo rato, yo con el corazón
triste y entre sollozos le dije: - ¿a caso vamos a dejar de ser amigas mi
vaquita? No, ¿verdad? Solo no me olvides, no olvides nunca todas las cosas que
hemos hecho, las risas, el llanto, los amigos y sobre todo no olvides lo que
hemos aprendido Martita- y así con otro abrazo pactamos nuestra promesa de
amistad.
Así pasamos todos los días hasta que Marta y su mamá se
fueron de la ciudad.
Desde ese día hasta hoy Marta y yo todos los días hablamos y
nos contamos todas las locuras que hacemos.
Y esta es la historia de cómo Marta, “Marta la vaquita” se
hizo fuerte y jamás permitió que nadie la humillara.
¡Fin!
Nota: Lo público confiando en que es original, de no serlo
pido disculpa.
El siguiente es otro cuento:

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